domingo, 27 de mayo de 2012

Teen solves Newton’s 300-year-old riddle: "In your face, Newton!"

Teen solves Newton’s 300-year-old riddle 

The sad thing is, most math cranks do their pitiful vain efforts in the same spirit as this kid did.
He is being hailed as a genius in the German press, but attributes his achievement to “curiosity and schoolboy naivety.”

“When it was explained to us that the problems had no solutions, I thought to myself: well, there’s no harm in trying,” he said.
My take: It's incredible what you can achieve without knowing that people consider those things are unachievable.

El patrón del mal: no necesito que me refresquen la memoria

El cuentecito ese de que las "nuevas generaciones deben saber" es pura paparruchada. Sí claro, la juventud por supuesto que va seguir pegada al televisor en vez del computador. Si quisieran saber de Pablo Escobar, hace rato que lo hubieran averiguado. Pero no, los mártires no son mártires si no salen en una narconovela. Entonces, buen provecho, pero no cuenten conmigo. No voy a revivir una pesadilla:

Caracol: por un puñado de dólares más.
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martes, 8 de mayo de 2012

Columna de la Semana: Hollande y la pauta argentina

Primero que nada, discúlpenme Ustedes: en el equipo sipmac se espera de sus colaboradores muchos escritos, tengan audiencia o no y yo casi no venía a mi blog. A veces siente uno que todo lo que hace es repetirse hasta el hastío en Internet, pero columnistas como Cristina de la Torre me hacen pensar también que no hay más remedio. Creo que algún día tendré problemas con la señora de la Torre si la llego a encontrar, porque hoy voy con todo.


Si el socialista Hollande, hoy flamante presidente de Francia, intentara la mitad de lo que Argentina hizo en estos años, tal vez la economía europea experimentara un giro capaz de remontar la crisis que se cierne sobre el Viejo Continente.

Este solo epígrafe nos demuestra que el criterio para acceder a escribir en El Espectador es MUY laxo: cualquiera que pueda recitar la cartilla liberal/progresista ya está calificado; tener que lidiar con la realidad, o la obligación de investigar a fondo está fuera de orden.

Humillada bajo el fardo de la austeridad que parecía destinado en exclusiva al Tercer Mundo, Europa se ve ahora hermanada con una América Latina que padeció hace cinco lustros la servidumbre de rigores parecidos. Crisis de la misma estirpe, en Argentina tumbó dos jefes de Estado y, en la Unión Europea, diez. Todo bajo el ala del mercado, para cobrarse a garrotazos la deuda de los países e imponer el paradigma neoliberal. Aquí, el Fondo Monetario Internacional y su Consenso de Washington; allá, el Banco Central Europeo (BCE) y su Pacto Fiscal de marzo pasado. Pacto que obligará a los 25 estados firmantes a castigar el gasto social, salarios y pensiones; y lesionará soberanías, al punto de convertir a algunos de ellos en protectorados europeos.

Definitivamente, el sueño se resiste a morir. Cristina, confunde la gimnasia con la magnesia: el odio hacia el "paradigma neoliberal", le impide darse cuenta que el Leviatán del Estado de Bienestar apesta de corrupción y lo que se viene es una peste negra en forma de crisis de deuda. ¿Cobrarse a garrotazos la deuda de los países? Cuidado, a lo mejor el futuro de SU pensión está en forma de bonos de deuda de cualquier país europeo, incluso podría ser Grecia.

Acolitada por el hoy derrotado Sarkozy, la canciller de Alemania, Ángela Merkel, se propuso menoscabar los estados nacionales y eliminar cuanto quedara en ellos del modelo de bienestar. Eco le hace el presidente del BCE cuando afirma que “el modelo social europeo está muerto y quien dé marcha atrás en los recortes presupuestales provocará una sanción inmediata de los mercados” (The Wall Street Journal, 23, 3, 12, citado en Le Monde Diplomatique, mayo 12). El triunfo resonante de Hollande provocará, sin duda, un viraje en la política económica europea: éste renegociará el pacto de marras, y enfrentará las medidas de choque que aplastan a la población con otras que promuevan el crecimiento y el empleo y eleven el ingreso de las gentes. Su acción se sentirá allende las fronteras de Francia.

Cristina omite estratégicamente mencionar que el ÚNICO país de Europa medianamente parado y que ha sido hasta ahora el único factor de estabilidad en la Unión es precisamente Alemania, que salió indemne de la Crisis de 2008. Merkel logró recuperar la economía alemana con reformas al modelo de bienestar, que devolvieron el crecimiento, pero que aún no tocan el problema de fondo: la sola "deuda social" u obligaciones pensionales de Alemania y Francia equivalen a TRES VECES el valor de sus respectivos PIB. Si hasta ahora se financiaron con deuda (y son los mejores alumnos de la clase), ¿qué es lo que va a renegociar Hollande?

Pero el ejemplo argentino servirá también. Súbdito aconductado del Consenso de Washington, el entonces presidente Menem ejecutó con primor todas sus órdenes: privatizaciones, apertura económica y el dogma del equilibrio fiscal. Resultado: desempleo, más pobreza, más desigualdad. En 2002 alcanzó la crisis su clímax. El FMI ‘recomendó’ austeridad, vale decir, reducir el gasto público y cercenar el crédito a las empresas. El país se desindustrializó. Recuerda Eduardo Sarmiento (El Espectador, 5, 6) que el gobierno argentino se atrevió entonces a irrespetar el modelo de mercado que hacía su agosto por doquier. A poco, la economía argentina crecía al 10% e importaba tanto como exportaba. Hoy restringe severamente importaciones y estimula el desarrollo de la industria propia. Renacionaliza empresas privatizadas en los 90. Acaba de expropiar con indemnización el 51% de la petrolera YPF, no en favor del Estado sino de empresas argentinas. Dijo la directora de la Cepal en CNN que ello se debió probablemente a que la multinacional no reinvertía allí sus utilidades. La misma Cepal registró una disminución espectacular del desempleo, la pobreza y la desigualdad en el último decenio en la Argentina. Para Sarmiento, ese país demuestra que “la intervención macroeconómica, el abandono del FMI, el control sobre el banco central, la prioridad industrial y la reversión de las privatizaciones conducen a un mejor perfil del desarrollo”. Pauta digna de considerar.

Ah, ya. Eduardo Sarmiento locuta, causa finita. La señora de la Torre no sabe contar bien la historia argentina: después del horrible default de la deuda, a Argentina se le cerraron las puertas de la financiación externa. ¿Que futuro pensional le espera a los argentinos después de que el estado se apoderó de treinta mil millones de dólares de ahorro pensional? Lo grave del caso es que esa platica ya se gastó, así que los controles al comercio exterior propios de la década de los 70's fue el siguiente paso. El control demagógico de los precios de los combustibles fue lo que ocasionó el incumplimento de los españoles de YPF. Y en cada paso está la demagogia y la irresponsabilidad de Cristina Kirchner. El guiso ya está hecho, solo faltan unos cuantos hervores.

Hollande no es Mitterrand, el otro socialista que ganó la presidencia de Francia en 1981. Éste debutó con un programa radical, pero debió adaptarse a la línea media que prevaleció en Europa durante casi todo el siglo XX: una transacción entre socialismo y economía de mercado. Por ahí van también Argentina y Brasil y media América Latina. Lejos de la revolución, agencian cambios que no obstante hieren la entraña del capitalismo decimonónico. Acá y allá, libando mate o vino, van en pos del mismo fin: vuelta a la socialdemocracia.

Cristina de la Torre no es F.A. Hayek, tampoco un Eduardo Sarmiento; ella es solo Cristina de la Torre, así que no puede (o no quiere) darse cuenta que su ansiada vuelta a la socialdemocracia podría significar la quiebra de 27 naciones soberanas, es decir, la totalidad de la Unión Europea.
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miércoles, 18 de abril de 2012

It's a Dog-News eat Dog-News World out there!

sábado, 25 de febrero de 2012

Columna de la Semana: ¿Se chifló el psiquiatra?

Resulta difícil entender que una misma persona tenga facetas tan distintas o que, en pocos años, haya cambiado tanto:

Ni tanto, ahora que cayó bien caído en desgracia, ahora resulta que era un siquiatra carero y regularzongo.

uno era el médico, filósofo y psiquiatra Luis Carlos Restrepo, autor de doce libros, entre ellos Libertad y locura, La trampa de la razón, El derecho a la ternura y La fruta prohibida: la droga como espejo de la cultura; otro era el alto comisionado del gobierno de Álvaro Uribe, que indujo a que confiaran en la justicia y a que se desmovilizaran cerca de treinta mil paramilitares; otro el que se engolosinó con el poder y quedó atrapado por la libido imperandi; y uno muy distinto es el Restrepo de hoy, un prófugo de esa misma justicia en la que él inducía a los delincuentes a que confiaran, quien pretende liderar desde la clandestinidad una campaña para que Uribe y su seguridad democrática regresen al poder, cuando el presidente de hoy es el antiguo ministro de Defensa de Uribe y el autor de los grandes golpes que éste le propinó a la guerrilla, y que, como primer mandatario, Santos le ha seguido ocasionando. (Ahora, que el presidente de hoy no sea un títere de Uribe, ni de nadie, es otra cosa, ¡y es algo por lo cual muchos le damos gracias a Dios!).

Recordemos que Juan Manuel Santos (alias Chucky) y Angelino Garzón (alias Angelino) no eran "santos" de la devoción de El Espectador, porque representaban el continuismo del uribismo. Claro está, que el repunte actual de las farc es mera percepción, me imagino. Lo cierto es que "Pokerface" Santos está tocando todas las canciones que nuestra intelligentsia quiere oír (y ellos cantan en coro).

¡Sí, a nadie le cabe en la cabeza que el mismo ponderado doctor Restrepo de ayer sea ese barbado subversivo de hoy, capaz de cometer semejante disparate! Es que él es una especie de símbolo de la confiabilidad en las instituciones, como pueden serlo el director de la Policía en el caso de la Policía, o el Ministro de Defensa en el de las Fuerzas Armadas, o el Papa en el de la Iglesia. Dicho de otra manera: si un excomisionado de Paz del peso de Luis Carlos Restrepo se convierte en prófugo de la justicia porque, según él, carece de garantías, ¿cómo se les podría pedir a unos guerrilleros o a unos miembros de las autodefensas que estuvieran dispuestos a incorporase a la vida civil, que confiaran en que se les brindarán las garantías necesarias?

Disparate? Patricia Lara no es ingenua. Cínica tampoco. Entonces, de verdad cree que a Luis Carlos Restrepo, sea culpable o inocente, le espera un juicio justo? Si lo acusaron de tráfico de armas!

¡Luis Carlos Restrepo no puede preocuparse por salvar su pellejo no más! Así fuese cierto, que no lo es, que carece de las garantías para que se le celebre un juicio justo en el proceso que se le sigue por la falsa desmovilización de la columna Cacica La Gaitana de las Farc, él tiene una responsabilidad con el país y con la sociedad colombiana, y debe actuar en consecuencia. Y ello no es otra cosa que regresar a Colombia, presentarse ante la justicia, demostrar su inocencia y, si es llevado a la cárcel, así él piense que es víctima de una injusticia, enfrentar esa situación y aprender de ella. Es más, para un psiquiatra podría ser muy interesante conocer ese mundo por dentro y escribir un libro sobre esa experiencia, como lo hicieron Álvaro Mutis o Nelson Mandela.

Juá, juá, juá. Este es el párrafo que me puso a glosar esta columna. Si bien el Dr. Viktor E. Frankl es de admirar y respetar porque conviertió la amarga experiencia de un campo de concentración en un estudio de campo laudable, no creo que por su propia voluntad hubiera querido entrar voluntariamente a Dachau y Auschwitz para escribir un libro.

Guardadas ya las proporciones, por qué querría Luis Carlos Restrepo entrar a la cárcel por el gusto de escribir un análisis en primera persona sobre la experiencia del recluso?

Ridículo.


Por otra parte, al irse lanza en ristre contra el presidente Juan Manuel Santos, Restrepo pareciera sugerir que esa “falta de garantías” estuviera siendo orquestada por el Gobierno. Y no habría creencia más absurda: en este país es muy clara la división de los poderes, y nadie puede culpar al Ejecutivo de las actuaciones de los jueces o de las leyes que presenten y aprueben los parlamentarios, o viceversa.

Creencia Absurda? Patricia Lara no es ingenua. Cínica tampoco. Seguro que sabe la guerra no tan soterrada entre el uribismo y el poder judicial.

Luis Carlos Restrepo parece haber caído en esa paranoia que están padeciendo los viudos del poder y que él, como psiquiatra, tantas veces debe haber tratado.

¿También estará requiriendo tratamiento urgente? ¿Se habrá chiflado el psiquiatra?

Paranoia? Patricia Lara, escritora y periodista, licenciada en filosofía y letras, ahora dictamina como psiquiatra. La pared.

NOTA DE PICORNELL: Personalmente prefiero que Luis Carlos Restrepo sea llevado a juicio y que sea vencido en éste con las pruebas que parecen ser suficientes para condenarlo. Pero no comparto ni la ligereza en el análisis de Patricia Lara, que por decir lo menos es espectacular.
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domingo, 29 de enero de 2012

How China rediscovered and reinvented capitalism in 1978

In 1978, the farmers in a small Chinese village called Xiaogang gathered in a mud hut to sign a secret contract. They thought it might get them executed. Instead, it wound up transforming China's economy in ways that are still reverberating today.
Big Brother was watching everywhere. He still does - Witness Google... and Twitter.

The contract was so risky — and such a big deal — because it was created at the height of communism in China. Everyone worked on the village's collective farm; there was no personal property.

A contract? What a fancy notion!

"Back then, even one straw belonged to the group," says Yen Jingchang, who was a farmer in Xiaogang in 1978. "No one owned anything."

Such an idyllic situtation... today, the order of the day in Venezuela is to watch out for "improductive" land to be sized in the name of bolivarian revolution...
At one meeting with communist party officials, a farmer asked: "What about the teeth in my head? Do I own those?" Answer: No. Your teeth belong to the collective.


In theory, the government would take what the collective grew, and would also distribute food to each family. There was no incentive to work hard — to go out to the fields early, to put in extra effort, Yen Jingchang says.

Are you taking notes, #OccupyWallStreet?

"Work hard, don't work hard — everyone gets the same," he says. "So people don't want to work."

In Xiaogang there was never enough food, and the farmers often had to go to other villages to beg. Their children were going hungry. They were desperate.
So, in the winter of 1978, after another terrible harvest, they came up with an idea: Rather than farm as a collective, each family would get to farm its own plot of land. If a family grew a lot of food, that family could keep some of the harvest.

...and the wheel was reinvented.

This is an old idea, of course. But in communist China of 1978, it was so dangerous that the farmers had to gather in secret to discuss it.
One evening, they snuck in one by one to a farmer's home. Like all of the houses in the village, it had dirt floors, mud walls and a straw roof. No plumbing, no electricity.
"Most people said 'Yes, we want do it,' " says Yen Hongchang, another farmer who was there. "But there were others who said 'I dont think this will work — this is like high voltage wire.' Back then, farmers had never seen electricity, but they'd heard about it. They knew if you touched it, you would die."

When you don't have nothing to lose, you sure take risks.

Despite the risks, they decided they had to try this experiment — and to write it down as a formal contract, so everyone would be bound to it. By the light of an oil lamp, Yen Hongchang wrote out the contract.

The farmers agreed to divide up the land among the families. Each family agreed to turn over some of what they grew to the government, and to the collective. And, crucially, the farmers agreed that families that grew enough food would get to keep some for themselves.
The contract also recognized the risks the farmers were taking. If any of the farmers were sent to prison or executed, it said, the others in the group would care for their children until age 18.
The farmers tried to keep the contract secret — Yen Hongchang hid it inside a piece of bamboo in the roof of his house — but when they returned to the fields, everything was different.
Before the contract, the farmers would drag themselves out into the field only when the village whistle blew, marking the start of the work day. After the contract, the families went out before dawn.

"We all secretly competed," says Yen Jingchang. "Everyone wanted to produce more than the next person."

Competition? That's egotism! That's greed!

It was the same land, the same tools and the same people. Yet just by changing the economic rules — by saying, you get to keep some of what you grow — everything changed.

At the end of the season, they had an enormous harvest: more, Yen Hongchang says, than in the previous five years combined.
That huge harvest gave them away. Local officials figured out that the farmers had divided up the land, and word of what had happened in Xiaogang made its way up the Communist Party chain of command.

Success ends when the bureaucrats intervene.

At one point, Yen Hongchang was hauled in to the local Communist Party office. The officials swore at him, treated him like he was on death row.
But fortunately for Mr. Yen and the other farmers, at this moment in history, there were powerful people in the Communist Party who wanted to change China's economy. Deng Xiaoping, the Chinese leader who would go on to create China's modern economy, was just coming to power.

"I don't care if the cat is black or white, as long catches mice."

So instead of executing the Xiaogang farmers, the Chinese leaders ultimately decided to hold them up as a model.

Within a few years, farms all over China adopted the principles in that secret document. People could own what they grew. The government launched other economic reforms, and China's economy started to grow like crazy. Since 1978, something like 500 million people have risen out of poverty in China.

Today, the Chinese government is clearly proud of what happened in Xiaogang. That contract is now in a museum. And the village has become this origin story that kids in China learn about in school.

It was all dear leader's plan from the beggining!

But the rest of the story for the original Xiaogang farmers is more ambiguous.
Our first day in Xiaogang, we asked to talk to Yen Hongchang, the farmer who actually wrote the contract. The local Communist Party officials told us he was out of town.

It turns out that wasn't true: We went back to Xiaogang the next day and tracked Yen Hongchang down. He told us he had been in town the day before.
Yen Hongchang told us he started a couple businesses over the years, but the local communist party took them away once they became profitable. He also said that the new new factories springing up around Xiaogang these days are largely empty, and haven't created many jobs.

Local officials say none of this is true. They say everything in Xiaogang is going great.

With a little luck, they could rediscover democracy, and sign a new social contract.
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